La conducción como reflejo del estado de ánimo

El azar del estado de ánimo

Llevo tiempo dándole vueltas a esta entrada. No es una entrada estrictamente motera, aunque tiene que ver. Tampoco es una entrada sobre la prueba de una moto, o sobre algún equipamiento. Es una reflexión basada en la experiencia de determinados hechos que me ha tocado vivir y su reflejo en mi conducción sobre la moto. Por ello, es una entrada con una cierta carga personal, motivo por el cual me ha resultado algo más… complejo su planteamiento y redacción.

Para poner al lector en antecedentes, remitiré a la entrada Sentirse vivo por encima de todo de este mismo blog, y posteriormente a Lo engañoso de las evidencias. En cualquier caso, sirva como escueto resumen lo que sigue:

A mediados de los 90 sufrí una severa lesión en mi rodilla izquierda, diagnosticada como rotura completa del ligamento cruzado anterior, rotura parcial del ligamento cruzado posterior y una severa distensión en ambos ligamentos laterales, además de fisuras en la cabeza de la tibia y en la rótula.

Tras operación de  reconstrucción del LCA y un largo año de recuperación, logré una muy trabajada recuperación un poco por encima del 90%. Siguieron años de vida en casi absoluta normalidad, sólo con algunas precauciones de sentido común.

En marzo del año pasado (2010), en mi entrenamiento de Sin Moo Hapkido, tras un salto, mi rodilla volvió a ceder y mis peores pesadillas retornaron a mi encuentro. Visita al hospital, extracción de gran cantidad de líquido liposanguinolento y una valoración previa de nueva rotura del ligamento reconstruido. Un mes de inmovilización y a esperar que la tremenda inflamación cediera para hacer pruebas. Finalmente todo resultó en falsa alarma: el ligamento no se había roto y la rodilla seguía funcionando… más o menos.

Fin del resumen.

El ligamento no se rompió… pero hubo algo que no corrió la misma suerte y que sólo el tiempo ha dejado al descubierto: la rotura de la confianza. Esta nueva recaída en la lesión de rodilla, a la postre, ha significado la evidencia de una fragilidad. La perspectiva que viví los días posteriores a mi nueva lesión, con una funcionalidad ya bastante limitada, incluso posible cojera crónica, con todas las limitaciones que ello me habría de conllevar, hizo que mi natural confianza saltara por los aires, hecha añicos. Ahora, con la perspectiva del tiempo, puede sonar exagerado, pero quien haya pasado por una situación similar sabrá de lo que hablo.

Esa repentina conciencia de mi propia fragilidad, o debería decir, de la fragilidad intrínseca a nuestra condición de personas, se ha reflejado, como no, en muchos ámbitos de mi vida. Uno de los más evidentes ha sido la conducción sobre mi moto.

El estado de ánimo es el agua en que se ve reflejado el mundo: un agua en calma nos permite verlo con claridad, mientras que un agua agitada...

La verdad es que nunca he sido motero de ir rápido por la carretera. Bueno, ni en los circuitos tampoco, que me han dado cada repaso de órdago. Pero siempre he sido especialmente cuidadoso en carretera. Esto, no obstante, no me ha impedido disfrutar de una conducción alegre y desenfadada cuando las condiciones lo permitían, de modo que tampoco se me pudo tildar de lento.

Tras la lesión, tardé algo más de dos meses en poder subirme a la moto (debiera haber esperado algún tiempo más), empezando con recorridos cortos y poco exigentes. Sin poder desplazar mi cuerpo en la conducción, y con las lógicas precauciones e inseguridades transmitidas por una rodilla muy frágil y dolorida, mi ritmo era muy tranquilo… sin que ello me representara el más mínimo problema. Poco a poco, con el paso del tiempo y de los kilómetros, con la otrora familiar rehabilitación y entrenamiento de la perdida musculatura, la situación fue mejorando. Progresivamente, iba recuperando la movilidad sobre la moto y con ella, poco a poco, el ritmo.

Sin embargo, pasado ya un año tras el cual la rodilla ya no es ningún problema en la conducción, mi ritmo ha cambiado. Mi confianza sobre la moto ya no es la que era, ya no abordo a la misma velocidad de antaño las curvas, porque al disminuir mi confianza, ha disminuido mi seguridad, por lo que para realizar una conducción segura (absolutamente inexcusable en carretera) debo llevar un ritmo más tranquilo que antes.

Esto me ha quedado patente en cada salida que he realizado. Y alguna vez, acompañado por algún que otro motero, he escuchado cosas como “¿y éste es el tal Motoret?, pues no es para tanto“. No es que me hayan molestado tales comentarios, fundamentalmente por dos motivos: el primero es que, efectivamente, ni soy para tanto, ni lo he sido nunca, ni nunca he pretendido serlo; y el segundo, que nunca he conducido en base al qué dirán y desde luego no voy a empezar ahora, peinando canas como peino. Pero sí me ha interesado el comentario en cuanto a constatación de una evidencia: el cambio de mi conducción.

Soy consciente de que la conducción no es más que el reflejo, más o menos acusado dependiendo del individuo, de un estado de ánimo general. En mi caso presente, de una mentalidad más desconfiada e insegura, más consciente de lo que una decisión tomada en un segundo (en mi caso, dar un salto que no debí dar) puede llegar a cambiar la vida. No siento necesidad de recuperar mi ritmo anterior, pues disfruto igual que antes de mi experiencia motera, que es de lo que se trata. También soy consciente que mi actual ritmo aumenta mis probabilidades de volver a casa después de una salida, que aunque sea levemente no es poco. Y no sufro ceguera ante el hecho que, lo ideal, sería recuperar la confianza y seguridad en mi mismo ya no sólo por la conducción, sino por mi desempeño diario en esta cosa que llamamos vida.

Ahora recuerdo con una sonrisa aquel amigo al que le prohibía tajantemente (aunque él nunca me hizo ningún caso, naturalmente) coger la moto en un estado de alteración nerviosa, porque plasmaba su estado de ánimo en su conducción de forma exagerada. O a aquel otro compañero al que vi progresar espectacularmente en su conducción, advirtiéndole sobre los peligros del exceso de confianza.

Es fundamental que sepamos evaluar la influencia de nuestro estado de ánimo en la conducción, pues si somos conscientes de ello, estaremos mejor preparados para evaluar nuestra capacidad de decisión a la hora de adoptar el ritmo más conveniente o al entrar en tal o cual curva. O lo que es lo mismo: a la hora de conducir, seguirá mandando nuestra cabeza, y no nuestro corazón o nuestros sentimientos, potencialmente peligrosos sobre una moto.

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Acerca de Xavi (Motoret)

Una frase escuchada en un spot publicitario: "Cuando naces, todo el mundo ríe y tú lloras; ve y vive tu vida de forma que cuando mueras, tú sonrías y los demás lloren". Ver todas las entradas de Xavi (Motoret)

6 responses to “La conducción como reflejo del estado de ánimo

  • Joan Molleric

    “Solo es respetar tu cuerpo, solo es conocer tu mente, solo cultivar tu alma…mejorando lo presente”

  • Javierzx9r

    Vaya siento lo de tu rodilla, por lo demás nada nuevo bajo el sol, los que hemos sufrido un accidente severo con la moto tenemos dos registros en la mente, el primero es que sabemos como ir en moto y en dónde está nuestro límite y el segundo es el dolor y las consecuencias de un accidente.

    Diría que en el 90% de los casos el segundo registro nos guiará y nos condicionará en la conducción, de forma que el margen para un imprevisto sea el mínimo posible.

    Y ha de ser así, si tu mente no disfruta de la conducción por forzar más allá de lo que te dicta en base a su experiencias pasadas (registros), mejor vende la moto y busca otra afición.

    Por cierto el otro 10% que hace más caso al primer registro que al segundo, puede ser por fuerza mental, o por inconsciencia en tal caso carne de cañón.

    • PoluxCriville

      Estoy de acuerdo contigo Javierzx9r, el “primer registro” te marca bastante, yo quizá lo subiría unos cuantos enteros más. En cualquier caso, esta es mi opinión, una se ha pasado al segundo grupo de moteros -los que se han caído-, se disfruta de otra manera, y si me apuras, más.

      PD Xavi, duro con esa rodilla… contra el asfalto 😛

      V’sSs DoradaZzZ

      PóluxCrivillé

      • Xavi (Motoret)

        Muy cierto, PoluxCrivillé. A lo que llamas “disfrutar de otra manera” es justo a lo que me refiero cuando digo que no siento necesidad de aumentar mi ritmo, ya que sigo disfrutando sobre la moto tanto como antes. No sabría asignar porcentajes a los registros apuntados por Javierzx9r (tampoco es una cuestión que revista mayor importancia), pero sí está claro que el segundo, al menos en mi caso y en el momento presente, domina al primero.

        Con respecto a la rodilla, en ello estamos 🙂

    • Xavi (Motoret)

      Cierto. Tras una experiencia traumática (en mayor o menor medida), parece que uno tome consciencia de su propia fragilidad y ello lo vuelva más precavido. No es un problema siempre y cuando se guarde el correcto equilibrio entre el precaver y el disfrutar, no cayendo en el exceso de cautela que jugaría en contra de una correcta conducción (cuyo síntoma sería la falta de disfrute sobre la moto, como dices).

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