Yamaha XT660R, la sencillez como virtud.

El concesionario Yamaha de mi ciudad organizó unas jornadas de prueba de varios de sus modelos. Reservé por teléfono la prueba de una moto que siempre ha llamado mi atención y espoleado mi curiosidad, por lo diferente de sus planteamientos: la Yamaha MT-03. Siempre me he preguntado si esas declaraciones de “más sensaciones que prestaciones” serían reales… si realmente una moto de 45 CV puede emocionar en cuanto a sensaciones de conducción (en otros muchos aspectos, tengo claro que sí podría).

Pero la respuesta tendrá que seguir esperando, pues un error en las reservas de Saica me dejaron sin MT-03. La alternativa estaba más que clara: una moto con el mismo motor, sólo que con geometría de trail… la Yamaha XT660R. Al fin y al cabo, mi próxima moto tiene muchas posibilidades de ser una trail.

Arreglado el entuerto, me dirijo a la versión trail de la más moderna de las XT: una decoración que combina el negro con el naranja/dorado, de resultado discutible, aunque eso, como siempre, depende de la subjetividad de los gustos personales.

Acostumbrado a una sport-turismo tetracilíndrica de más de cien caballos y doscientos kilos en vacío, la XT me parece ligera como una bicicleta, aunque sé que no es la más ligera de su categoría, ni mucho menos. Lo que sí encuentro destacable es la calidad de sus acabados: nada es complicado, nada tiene un diseño supermoderno, como viene siendo costumbre en muchos modelos actuales. Pero se nota un trabajo bien hecho, unos materiales bien ajustados y una sensación de calidad que no está reñida con la sencillez. Inevitablemente la estoy comparando con un modelo monocilíndrico que también me atrae por su aún mayor sencillez y ligereza: la Suzuki DR-Z400S, un modelo de materiales mucho más “plasticosos”, de peor percepción de calidad de acabados y, en general, más espartano.

Con la primera impresión a favor de la Yamaha me subo a ella, resultándome muy fácil encontrar una muy cómoda postura. Cuanto más la conozco, más me gusta la XT.

Organizado el grupo de más de diez motos, con tres monitores que nos deben custodiar (uno en cabeza, uno de cierre y otro incrustado en el grupo), me doy cuenta que esta prueba no va a ser como las que he hecho anteriormente. Esta prueba va a consistir en un corto paseo de recorrido desconocido, en grupo y sin posibilidad de explorar por mi cuenta las posibilidades de la moto. Una contrariedad, pero… es lo que hay.

Cuando me dispongo a arrancar el motor, uno de los monitores se me acerca y con una sonrisa, me dice: “oye, esta moto se presta mucho a hacer caballitos y divertirse… pórtate bien, ¿vale?”. Me sorprende, pero me lo ha dicho tan bien, que le respondo un “sin problemas, no tienes de que preocuparte”, le enseño el pulgar hacia arriba, y se marcha satisfecho. Mi sorpresa pasa a ser conclusión: llevo algo muuuuy divertido.

Arrancamos y me sitúo por el medio del pelotón que formamos. Varios de los que lo forman se conocen entre ellos, y empiezan a adelantarse los unos a los otros y a conducir de forma un tanto imprevisible. Así que en el último semáforo antes de salir de la ciudad, arranco casi en paralelo al monitor y me sitúo tras él, dejando a los demás por detrás de mi para que hagan y deshagan sin molestarles.

El corto trayecto por ciudad, alguno de los cambios de trayectoria que tuve que hacer ante mis imprevisibles compañeros y algún golpe de gas que sí pude darle, demuestran que esta XT es una moto que se desenvuelve por ciudad más que bien. Es ágil, alta, la respuesta de su motor tiene el punto justo de vigor sin llegar a sorprender… una moto que hace la vida muy fácil y placentera al urbanita.

El cabeza de pelotón nos saca a autovía por la V-21, y enfilamos el sentido a Barcelona. Maldita sea, no puedo imaginarme peor escenario para probar esta moto que una aburrida autovía. Esta moto pide curvas cuanto más cerradas mejor, pero según pasaban los kilómetros mis esperanzas de tomar alguna curva se iban desvaneciendo.

Al ritmo fijado de exactamente 120 km/h, el aire ni me molestaba ni era un problema. Podría mantener ese ritmo sobre la moto durante largas tiradas sin problemas: el motor ronroneaba tranquilo, la protección de la pequeña pantalla se notaba lo suficiente, y la postura era cómoda. Además, si se quiere, se puede equipar con una pantalla de mayor tamaño. Siempre que no quieras viajar a ritmos elevados, es una moto perfectamente capaz de llevarte al fin del mundo.

El cabeza de pelotón toma la salida de Puebla de Farnals. La llegada a la primera glorieta me da opción a estrujar un poco el motor al meterme en ella con decisión. La respuesta es muy buena, y puedo inscribir la moto en la rotonda con rapidez. Cada vez que conduzco una moto ligera, se me dibuja una sonrisa en la cara… ¡y eso que no fue más que una glorieta!.

Cruzamos el puente para hacer el cambio de sentido, y otra vez de vuelta a la ciudad. Absolutamente desesperante. Nada que reseñar en la vuelta.

Entrando en Valencia, en el primer semáforo, dos de los empleados de Saica hablan entre ellos. Comentan que el recorrido se ha hecho rápido y ha sido muy pobre. Uno de ellos sugiere que en lugar de ir directamente al concesionario, nos demos una vuelta por los inicios de la Ronda Norte. El otro se muestra de acuerdo, y giramos a la derecha.

La Ronda Norte es una nueva avenida de cuatro carriles por sentido (en el tramo que nosotros la recorrimos), separados éstos por una mediana ajardinada. Recta y urbana, como todo aliciente tiene sus numerosas glorietas. La primera glorieta no modificó nuestro sentido, saliendo tras girar algo más de media. La entrada, giro y salida me permitieron hacer una buena enlazada de inclinaciones derecha-izquierda-derecha en la que la XT me demuestra que está en su salsa. Ágil, alta, ligera… fácil. La motricidad es muy buena, su respuesta, magnífica.

Llega una segunda glorieta. Le dejo algo de ventaja a la cabeza y entro en la rotonda más rápido que él, dispuesto a repetir la jugada anterior. Pero de repente, el monitor no sale por donde yo tenía previsto, girando los ciento ochenta grados para volver por donde ha venido.  Sorprendido, debo rectificar mi trayectoria con una mayor inclinación, sacando la rodilla para ayudarme en el empeño. La Yamaha responde de forma instantánea, inclinando más, agarrándose fuerte y girando con solvencia, agilidad y estabilidad. Una vez fuera de la rotonda, la ventaja que sacaba a quien me seguía era considerablemente mayor que a la entrada. Después me comentó que intentó seguirme el ritmo en la glorieta, y que le fue imposible seguir mi rectificación, teniendo que frenar para no salir por donde no era. Él llevaba una FZ1.

Enfilamos hacia el concesionario, y allí dejé a la sorprendente XT. A pesar de que el recorrido había sido aburrido y apenas capaz de sacar ni tan siquiera una mínima parte de las capacidades de esta máquina, la Yamaha sólo necesitó dos mínimas oportunidades para dar muestra de lo que podría ser capaz en una carretera retorcida.

El motor no es salvaje, ni excitante en grado sumo al modo de los KTM, pero funciona muy bien, tiene una excelente motricidad y la ausencia casi total de vibraciones es muy meritoria en un monocilíndrico de este cubicaje.

Otro componente que me pareció destacable es el cambio: de palanca de muy corto recorrido, su funcionamiento es suave y extremadamente preciso. En ningún momento coloqué un punto muerto, ni fallé ningún cambio por rápido o suave que hubiera accionado la palanca.

Entiendo que en jornadas de este tipo no se puede pretender hacer un largo recorrido de al menos una hora por todo tipo de carreteras… pero entre eso (que me consta que alguna marca sí lo hace) y hacer diez kilómetros de autovía de ida, los mismo diez kilómetros de vuelta y el inevitable tramo urbano… hay términos medios, y desde luego esta organización dejó mucho que desear.

Como conclusión, diré que no probé la MT-03, pero probé a su prima la XT, y debo decir que empiezo a darle crédito a la idea lanzada por Yamaha: “más sensaciones que prestaciones”.

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Acerca de Xavi (Motoret)

Una frase escuchada en un spot publicitario: "Cuando naces, todo el mundo ríe y tú lloras; ve y vive tu vida de forma que cuando mueras, tú sonrías y los demás lloren". Ver todas las entradas de Xavi (Motoret)

4 responses to “Yamaha XT660R, la sencillez como virtud.

  • deabru

    Una DR trail, de 400. Una moto que algún día tendré.

    Es cosa mía o cuando has llevado mucho tiempo un 4linea aprecias mucho más el tacto poto-potó de las monocilíndricas?

    La XT, otra moto que siempre me ha gustado.

    • Xavi (Motoret)

      Creo que cuando se lleva mucho tiempo cualquier moto, y un día pruebas otra completamente distinta, se aprecian mucho mejor las virtudes y defectos de ambas. O más que virtudes y defectos… diría particularidades.

      Supongo que quien tenga una XT y se suba a una tetracilíndrica, apreciará mucho su estirada, su potencia, su aullido…

      • deabru

        Pues si. No hay moto mala (o casi), sólo elecciones incorrectas 🙂

  • Triumph Tiger 800 XC, rompiendo esquemas. « Motoreteando

    […] cc y 215 kg de peso. Salvando las distancias, desde la posición de piloto me recuerda más a la Yamaha XT660R que a la V-Strom… salvando las distancias, repito, porque la presencia del […]

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