Sentirse vivo por encima de todo

Un saludo:

Realmente no sé por donde empezar este escrito, ni porqué lo estoy escribiendo. Bueno, lo segundo sí: porque me apetece. Sé que muchos de los que vais a leer esto no me conocéis personalmente, ni tal vez hayamos interactuado lo suficiente como para que importe demasiado lo que escribo, aunque si acabas leyéndolo será porque algo importa, aunque sea un poco.

Hace años, a mediados de los ’90, en mi duodécimo año de judoka, me rompí el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Cuando digo que me rompí el ligamento haciendo Judo es habitual pensar que fue en un reñido combate. Nada más lejos de la realidad. Las peores lesiones siempre vienen con movimientos tontos, cuando uno menos se lo espera… y menos preparado está para contrarrestar el peligro (y esto aplica en todas las cosas de la vida). En mi caso fue en el calentamiento: haciendo un sprint en el tatami, una chiquilla que pesaba unos 30 kg menos que yo se cruzó en mi camino, con la mala suerte de golpearme el interior de la rodilla justo cuando hacía el apoyo. No hizo falta nada más para que tuvieran que llevarme casa.

Tras una operación de reconstrucción HTH, me tocó una larga y no siempre fácil rehabilitación. El médico recuperador me dijo que podía llegar a dejar la rodilla en un 75% de funcionalidad. Alcancé el 90%.

Desde entonces he convivido con una rodilla casi totalmente funcional, que a veces me ha dado algún problema leve, casi siempre en forma de molestia fácilmente recuperable con reposo, sin más noticias reseñables.

Siguiendo con mi vida normal, el martes por la noche estaba en mi clase de Sin Moo Hapkido. Estábamos entrenando patadas con salto, las cuales no me estaban saliendo del todo mal. Una doble patada con ambos pies al mismo tiempo a la altura de la cabeza. Mis pies encontraron sus respectivos objetivos, pero la sorpresa estaba en la parte fácil… como siempre. Al caer, mi rodilla cedió, un audible crujido llenó el aire, y de nuevo quedé en el suelo incapaz de hacer nada más que cerrar los ojos con fuerza y agarrarme la articulación.

La sensación en el momento de la lesión fue inequívoca, pero aún albergaba la esperanza irracional del que no quiere que ocurra lo ya consumado, del que quiere negar la evidencia. Me fui a casa, queriendo que el reposo de la noche me diera muestras de que lo ocurrido no iba a ser tan grave.

Pero al día siguiente, con su característica testarudez, la realidad no desapareció, así que acudí al Hospital con mucho más miedo al diagnóstico que a cualquier actuación médica sobre mi rodilla. Dos radiografías que en principio parecen descartar lesiones óseas, un reconocimiento y cinco jeringas de líquido extraídas de mi rodilla confirmaron los peores presagios: la gran cantidad de sangre del líquido extraído indicaba que había algún tipo de rotura, mientras que la densidad debida a la grasa apuntaba a ligamentos. Así que a falta de un diagnóstico definitivo por imagen, todo apunta a que el ligamento cruzado anterior ya reconstruido, se ha roto por segunda vez. Y eso es grave.

De momento, el excelente médico que me atendió (a cada uno lo suyo) me ha prescrito inmovilización, deambulación limitada sin carga e Ibuprofeno. Todo ello con el objetivo de reducir la inflamación, pues esta impide cualquier tipo de prueba de imagen (RMN, TAC, ECO…). En dos semanas, visita al traumatólogo para valoración y pruebas.

La consecuencia inmediata es que todos los planes a corto plazo quedan cancelados, claro. A medio plazo, entendido este como los meses de verano, quedan suspendidos, aunque por los conocimientos previos tristemente adquiridos, me temo que correrán la misma suerte que los más inmediatos. Y en el largo plazo, en el cómo me va a quedar la pierna, pues prefiero no pensar ahora mismo. Los pasos excesivamente largos suelen ser perjudiciales.

Ahora es fácil pensar que no debería haber practicado más artes marciales. Tal vez tampoco debería haber jugado los partidos de fútbol 7 que he jugado, ni recorrer todos los kilómetros que he recorrido andando por la montaña. Tal vez tampoco debería ir en moto por miedo a los accidentes. Y creo que en este punto es fácil entender porqué he hecho todas esas cosas a pesar de los riesgos que entrañan: ¡porque estoy vivo, y necesito sentirlo!. Desde el martes me he repetido una y mil veces el porqué… el porqué he seguido practicando artes marciales, y la respuesta es… porque he crecido con ellas, y forman parte de mi naturaleza, igual que la montaña, igual que la moto o tantas otras cosas. Y uno no puede renunciar a su naturaleza. ¿Me equivoqué?… tal vez, o tal vez no. ¿Nos equivocamos al ir en moto?… que cada cual se responda a sí mismo. La cuestión es: si renunciamos a vivir por miedo… ¿vale la pena vivir?.

Ahora me tengo que centrar en la adaptación a la nueva situación y prepararme para lo que venga. Decía Albert Einstein que en un problema, tan importante es la formulación como la solución, porque si la primera no es correcta, la segunda es imposible. Así que la correcta formulación del problema que se me presenta no es “¿Por qué me ha pasado esto?”, sino que es “¿Qué tengo que hacer para alcanzar la mayor recuperación posible?”.  Porque lo único cierto es que lo hecho, hecho está.

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Acerca de Xavi (Motoret)

Una frase escuchada en un spot publicitario: "Cuando naces, todo el mundo ríe y tú lloras; ve y vive tu vida de forma que cuando mueras, tú sonrías y los demás lloren". Ver todas las entradas de Xavi (Motoret)

3 responses to “Sentirse vivo por encima de todo

  • Hoze

    Oh, lo siento.
    Muchos ánimos en otra recuperación exitosa.
    Vaya primer comentario en tu blog.

    Un abrazo y a cuidarse mucho

    • Xavi (Motoret)

      Bueno, la cosa fue menos de lo esperado, pero no me ha salido gratis. Tengo la rodilla más inestable que antes de esta nueva lesión, aunque reconozco mi parte de responsabilidad por no hacer todo lo que debería para muscular muslo y pierna. La experiencia también ha redundado en una menor confianza en cualquier actividad física… moto incluida. Precisamente le estoy dando vueltas a una entrada al respecto…

  • La conducción como estado de ánimo « Motoreteando

    […] poner al lector en antecedentes, remitiré a la entrada Sentirse vivo por encima de todo de este mismo blog, y posteriormente a Lo engañoso de las evidencias. En cualquier caso, sirva […]

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