Suzuki GSX-R1300 Hayabusa, el fluir de la carretera

El martes, 2 de febrero de 2010, fue una fecha señalada en mi vida motera. Lo fue por varias razones: estrenar mi nueva suspensión delantera, compartir una ruta de día completo con una de las personas con las que mejor me entiendo sobre la moto… pero una razón prevalece sobre todas las demás, y es que llegó ese día que deseas vivir, pero que no sabes si te será posible hacerlo. El martes, 2 de febrero de 2010, piloté una Suzuki GSX-R1300 Hayabusa.

Una moto mítica, una máquina impresionante, descomunal en todos los sentidos, que ahora más que nunca pienso que deberían probar todos los moteros de cabeza bien amueblada. Nunca sabes si llegará el día en que puedas probar estas máquinas extraordinarias, porque no son máquinas de gran público, no es fácil conocer a alguien que la tenga… y en el supuesto que lo consigas, no es probable que los propietarios las cedan para prueba.

Pero allí estábamos Motero Lucas y yo, sentados a la mesa del bar de Morella donde habíamos decidido parar a almorzar mientras nuestras máquinas quedaban aparcadas fuera, juntas y en paralelo, a nuestra vista. Y allí estaba Motero Lucas ofreciéndome cambiar nuestras máquinas por unos kilómetros. Cuando me llega un ofrecimiento de este tipo no suelo aceptar, porque necesito tener una confianza total en el compañero por dos motivos: necesito saber que está absolutamente seguro que voy a tratar a su máquina impecablemente, y a la vez yo necesito saber que él hará lo mismo con la mía. Dándose en este caso ambas circunstancias, y con el valor añadido de ser la máquina a probar una Hayabusa (una de las que tengo en mi “lista de sueños”), no encontré ningún impedimento y acepté, bajo el precepto que en mi caso siempre rige este tipo de intercambios: “el que rompe, paga y se queda con los trozos”.

La prueba empieza desde el mismo momento en que se llega a las motos. No es lo mismo mirar una Hayabusa de un compañero que sale contigo, que mirar la Hayabusa que vas a pilotar. Se mira con otros ojos. La moto es grande y, porqué no decirlo, intimida. Sabes que vas a llevar, bajo el control del puño derecho, uno de los motores más prodigiosos que el hombre ha instalado jamás en una moto. No voy a repetir cifras que son de sobra conocidas o fácilmente consultables, pero el nombre “Hayabusa” golpeaba mi cerebro con emoción y respeto.

Me subo a ella y veo que por delante de mí hay moto. Recordé en aquel momento el shock que me produjo la GSX-R750 de un amigo (versión del 2007, creo recordar) cuando me subí a ella: no veía nada de moto, sólo el asfalto delante de mí. Mi cabeza estaba sobre su cúpula, y no detrás (aclarar que mido 1.87 m. y soy de físico más bien corpulento). Era como ir subido encima de nada, encogido en grado sumo e impulsado por una fuerza mágica que no puedes ver. En contraposición, la Hayabusa es una moto-moto: podía apretar un buen depósito con mis piernas, agarrarme a unos semimanillares cómodamente alejados, esconderme detrás de una buena cúpula… En fin, que se notaba que aquello era una moto de verdad, y no una bicicleta.

Lucas me da las últimas indicaciones, y arrancamos motores. El sonido del arranque es embriagador. Cuando el corazón de la Hayabusa cobra vida, sabes que aquello va en serio. No intimida, no se siente como un enemigo contra el que luchar, pero sabes que aquello es digno de respeto. Engranamos primera (me encantan los cambios Suzuki) y salimos.

Tengo que decir que iba con mucha precaución. El gas lo manejaba con una suavidad que pronto me di cuenta que era exagerada. Como he dicho antes, Hayabusa es un nombre que infunde respeto, y no tenía muy claro lo que me iba a encontrar. Pero me llevé una grata sorpresa callejeando por Morella y bajando de su muralla, ya que me encontré una máquina amigable, sorprendentemente fácil de manejar incluso a baja velocidad (y eso que estoy acostumbrado a una Z, bastante ágil de por sí en estas condiciones) y con reacciones al puño nobles y muy predecibles.

En el STOP de salida a la carretera nacional, espero a estar con la moto vertical para darle un primer tiento al acelerador (en el carril de aceleración), con Lucas bastante por delante de mí y con precaución. La Hayabusa me responde con una aceleración suave, contínua y predecible. Me incorporo a la nacional y acelero un poco más para, suavemente, ir tomándole el tacto también a los frenos. La verdad es que me esperaba más mordiente, pero son tremendamente suaves al principio, casi te da la sensación de ser insuficientes. Supongo que bajo una mayor exigencia demostrarán cualidades a la altura del resto de la moto, pero yo no los probé en esas circunstancias.

Llegan las curvas, y cuando empiezo a inclinar a velocidad legal, parece que de pronto la Hayabusa se haya enganchado a un carril. ¡Impresionante el aplomo en curva!. Sólo tienes que decirle dónde quieres ir, y allá que va. Esta máquina es MUY FÁCIL de conducir, de llevar donde quieres… y es que de nuevo los ingenieros japoneses han aplicado su magia para que una moto larga, grande y pesada se convierta en algo fácil de mover y manejar. Nos vamos alejando de Morella, y la nacional sigue retorciéndose. Buen asfalto, ancha calzada y trazado geométrico previsible: el paraíso. Poco a poco vamos subiendo el ritmo, y la Hayabusa va sacando a relucir una pequeña parte de su potencial: las curvas se suceden una tras otra, y puedo tomarlas con una seguridad, una trazada y una tranquilidad embriagadoras. La Hayabusa se muestra tan firme como sobrada, y en todo momento eres consciente de que puedes ir mucho más rápido, que el factor limitante eres tú y nunca la máquina. Esto fue lo que más me gustó de la Hayabusa: su aplomo al trazar, su rodar impresionantemente consistente.

Pasamos un tramo largo de curvas, a veces enlazadas, otras veces no. No importa lo rápido que creas entrar en una curva: queda atrás con una facilidad pasmosa, y contra lo que pudiera parecer, la Hayabusa sólo le pide a su piloto que tenga claro por dónde quiere ir… el resto lo hace ella. Preparando con anticipación la curva, colocándola y metiéndola en el momento adecuado, la Hayabusa es la mejor moto que he probado nunca. Así, sin paños calientes. Otras motos son más ágiles, te permiten más margen de improvisación o hacen las posibles rectificaciones más fáciles. Pero la satisfacción que se obtiene al trazar curva tras curva por el sitio correcto con la Hayabusa… no la he experimentado con ninguna otra máquina que haya probado. Tal vez sea por mis características personales: me gusta la trazada fina, correcta, de “libro”, dejar correr la moto, no matarla para después acelerar. Me gusta dibujar una línea uniforme por la carretera, sin picos de aceleración ni de frenada. Y… ¡ah, amigos!, para esta conducción fluida, la Hayabusa es la mejor amiga que nunca he tenido.

Algo que ayuda mucho para que esto sea así es su diseño: es extremadamente cómoda (intuyo que el Suopy Block instalado en la unidad de Lucas influye positivamente), es grande (lo cual hace que me sienta cómodo en ella, porque es de “mi talla”) y lo mejor… ¡su asiento!. Es un asiento muy cómodo, nada que ver con los de las deportivas actuales o con el símil-piedra de mi Z. Pero es que además, es estrecho en su unión con el depósito y su tapizado favorece muchísimo los movimientos sobre la moto. Los desplazamientos laterales salen de forma natural e instintiva, deslizando perfectamente tanto para salir como para volver al asiento. El gran depósito permite anclar el muslo exterior a la curva con seguridad, la posición de los semimanillares hacen que flexionar el codo interior sea un movimiento natural… Es muy cómoda de pilotar.

Llegaron unos kilómetros más rectos y quise comprobar una parte del potencial del motor, así que giré el puño derecho… y la Hayabusa respondió instantáneamente, impulsándome hacia delante con fuerza inusitada. La aguja del cuentavueltas debía subir rápidamente (la verdad es que no lo miré, tenía otros sitios donde fijar mi mirada… hacia adelante, por ejemplo), pero el impulso era cada vez mayor, igual que las revoluciones del motor. Fue una corta recta, que dejé casi por completo de ventaja a Lucas y a mi Z, ausentes a mi juego de aceleración. Y corté gas pronto, después de que la recta se me hiciera más corta de lo que había calculado. Sin ningún esfuerzo, la Hayabusa me había disparado hacia Lucas, de forma que tuve que cortar gas para no subirme al asiento trasero de mi Z (con suficiente margen, por supuesto). No fue una aceleración bestial, lo que me sorprendió fue la contundencia, la firmeza, la solvencia con que la Hayabusa empuja desde abajo. En esta aceleración, llevé el motor un poco más allá de las 6000 rpm. Uno puede pensar que “vaya porquería de prueba le hiciste”, pero antes de pensar eso, hay que tener en cuenta que a 6000 rpm y plena carga de acelerador, la Hayabusa actual da… ¡110 cv, la misma potencia que la Z a máximo rendimiento!. No he conseguido la curva de potencia de la Hayabusa de Lucas, pero no creo que ande demasiado lejos: impresionante.

Por último, dos anécdotas: estuvimos parados unos cinco minutos por obras en el entorno de Monroyo, y el operario que estaba de señalista no pudo evitar comentar las preciosidades que montábamos… sí, sí, la Z también, y eso estando al lado de una Busa… ejem, ejem (pecho hinchado). La otra anécdota la protagonizó la Guardia Civil. Empezando un estupendo tramo de curvas, alcanzamos un coche de la GC de Tráfico. Iba realmente despacio, pero tampoco teníamos ninguna discontínua donde adelantarlo. La GC empezó a bajar la velocidad exageradamente, hasta llegar a unos desesperantes 40 km/h. Cuando empecé a preocuparme por las intenciones de los agentes, en una minirrecta, veo que se echan al arcén, poniendo el intermitente derecho y haciéndonos señas para que adelantáramos. Sin dudarlo, obedecimos a la autoridad con el merecido saludo con el pie derecho y proseguimos camino sin más problemas, perdiendo de vista al vehículo oficial en dos curvas sin sobrepasar la velocidad legal de la vía. Mi sincero agradecimiento a estos dos agentes.

Llegados al siguiente pueblo (no recuerdo cual), Lucas se detiene y me sugiere volver a nuestras respectivas monturas para poder compararlas de inmediato, pues la siguiente parada prevista era Alcañiz e íbamos a comer allí. Me parece una buena idea, y me vuelvo a subir a mi Z750S. Casi me siento como en una trail, con la espalda erguida, las manos altas (manillar). Pero lo mejor estaba por venir: emprendemos de nuevo la marcha, y oigo muchísimo el motor, cayendo en la cuenta que la Hayabusa es discreta en este sentido. Empiezo a subir marchas… ¡y de pronto me quedo sin más marchas que subir!. Fue como meter cuarta y no tener más marchas. Estuve a punto de adelantar a Lucas, cerrarle el paso y gritarle “¡Eh, tú, devuélveme las marchas que me has quitado!”.

Lo cierto es que rodando a la misma velocidad y marcha, la Z siempre va por encima de la Hayabusa. Esta diferencia fluctúa dependiendo de cuán bajo o alto gire el motor (a más revoluciones, más diferencia, claro), pero no creo equivocarme en mucho si digo que las 4000 rpm en 6ª de la Hayabusa son aproximadamente las 6000 rpm en 6ª de la Z-S. Un dato revelador.

Como conclusión, y teniendo en cuenta que el recorrido transcurrió en una buena carretera nacional (habría que completar la experiencia en carreteras más imprevisibles y cerradas… jejeje), lo cierto es que la gran Suzuki me demostró su poder: el poder de ser la moto que deseas en cada momento. Disfruté con ella recorriendo curvas a decenas sin el más mínimo esfuerzo, anclado al asfalto como un tren (de alta velocidad, eso sí), con unas trayectorias rigurosas y unas sensaciones y una satisfacción personal que ninguna moto me ha transmitido con tanta claridad como la Hayabusa. Ciertamente es una moto de la que no se puede hablar si no se ha probado, porque sorprende muy gratamente.

La mejor moto a la que me he subido nunca, sin duda.

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Acerca de Xavi (Motoret)

Una frase escuchada en un spot publicitario: "Cuando naces, todo el mundo ríe y tú lloras; ve y vive tu vida de forma que cuando mueras, tú sonrías y los demás lloren". Ver todas las entradas de Xavi (Motoret)

3 responses to “Suzuki GSX-R1300 Hayabusa, el fluir de la carretera

  • PoluxCriville

    Gracias por compartir tu experiencia. La “Busa” no es precisamente mi tipo de moto pero te reconozco que me pusiste los dientes largosSsS }:-)

    V’SsS DoradasSs

    PóluxCrivillé

    • Xavi (Motoret)

      No es por malmeter, jajaja, pero tampoco era mi tipo de moto… hasta que la probé. Es por ello que digo que todo motero con la suficiente experiencia y cabeza debería probarla al menos una vez en la vida. Sorprende, de verdad. Claro que cada uno somos un mundo, pero por mi parte puedo decirte que pasó de ser una moto “exótica” sin mayor interés a ser… el sueño que algún día tendré. Y lo mejor es que esa transformación se produjo después de probarla.

      Ráfagas.

  • Luis

    Estupenda tu opinión , que envidia …

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