Mis mejores deseos

Esta semana, contra todo pronóstico y sin que sirva de precedente, han programado dos buenas películas en una cadena de TV general: Ratatouille y Cars, ambas de Pixar. No había visto ninguna de las dos, así que me empapé de dibujos animados. Por cierto, muy recomendables ambas, a mí me gustaron muchísimo.

El caso es que estas películas de dibujos animados suelen traer “recado” en forma de moralejas, y la mayor parte de las veces son muy acertadas. Son películas aparentemente simples y sencillas, que cualquiera de nosotros al verlas encuentra lógicos y fáciles los mensajes que intentan transmitir. Pero fue un diálogo entre Rayo McQueen y Sally, la bonita Porsche, el que me hizo reflexionar. Un diálogo claro, sincero, agudo y revelador que me hizo sentir un pinchazo.

Sally invita a Rayo McQueen a dar un paseo, una situación muy extraña para Rayo, ya que “los coches de carreras nunca salen a pasear” (¿os suena esto, moteros?). Rayo acepta la invitación, y descubre una nueva forma de divertirse, sin competir, pero sin que ello signifique no pasárselo en grande con Sally.

Y llegan a un lugar muy especial, oculto tras kilómetros de retorcida carretera y paisajes sorprendentes para Rayo que lo hacen disfrutar de su entorno y no sólo del trazado de la carretera, que también. Allí, parados, Rayo le pregunta a Sally por los motivos que le hacen permanecer en ese pueblo de mala muerte llamado Radiator Springs. Sally le cuenta que antes vivía en la gran ciudad, tenía un buen trabajo con el que ganaba mucho dinero… pero que, estando de paso por Radiator Springs, ella se enamoró. Llama a Rayo y le dice que se enamoró “de esto”, y al borde de un gran cortado le muestra un grandioso paisaje, donde se puede ver, a lo lejos y al fondo, Radiator Springs, la retorcida y vieja carretera que pasa por él… y una recta, novísima y flamante autopista que pasa a pocos kilómetros del pueblo.

Sally le cuenta a Rayo cómo era Radiator Springs antes de la construcción de la autopista: un pueblo por donde pasaban miles de coches. Las gasolineras, talleres, restaurantes y hoteles tenían una actividad frenética, un pueblo muy próspero y con mucha vida.

Y entonces llegó la autopista, y los coches dejaron de pasar por el pueblo. Todos iban por la autopista, a toda velocidad, y poco a poco los restaurantes, los hoteles, los talleres… todos los negocios se quedaron sin clientes, así que los negocios cerraron, los coches se marcharon, el pueblo decayó… y finalmente sólo unos pocos que no quisieron marcharse trataban de sobrevivir en negocios decadentes y muy poco rentables.

Y Sally dice la frase que, para mí, es la clave del diálogo y de toda la película. No la recuerdo textualmente, pero el mensaje que a mí me quedó es este: “ahora los coches van por la autopista para ir deprisa. Antes los coches iban por la carretera para disfrutar del camino. La autopista corta el terreno para ser recta y veloz, la carretera se adapta al terreno, sube y baja con él, se curva a su antojo para fundirse en un todo único

Seguro que esto os suena de algo, ¿verdad?. Los moteros… esos locos que siempre van huyendo de las autopistas y autovías y prefieren las carreteras secundarias. Pero eso sólo es la punta del iceberg. Los moteros entendemos el funcionamiento de las carreteras, escogemos las autopistas cuando tenemos prisa por algún motivo, pero de no ser así, nos deleitamos con recorridos secundarios, carreteras retorcidas… adaptadas al terreno que recorremos. Y nos gusta.

La pregunta, para no quedarse en lo obvio, es: ¿lo hacemos en todos los ámbitos de nuestra vida, o sólo nos acordamos de disfrutar del recorrido cuando nos subimos a nuestras máquinas? (y llámese moto a cualquier afición que te haga disfrutar, lector). Normalmente nuestras vidas nos arrastran a ritmos frenéticos, la vida es como una autopista que recorremos a toda prisa para llegar a los objetivos (los lugares) y cumplirlos uno detrás de otro, rápido y sin descanso. ¿Pero qué hay del camino recorrido?, ¿estamos disfrutando de él, o estamos eligiendo la autopista para ir rápido?.

Imaginaos estar en los Alpes con vuestras motos. ¿Os parecería lógico escoger las estupendas autopistas suizas, austriacas y alemanas para pasarlos rápido?. ¿O lo lógico sería recorrer los pasos alpinos, carreteras de alta montaña, pueblecitos y lagos que nos ofrecen esas soberbias montañas?.

Pues si lo vemos tan claro en la moto, ¿por qué no actuar en consecuencia con nuestras vidas?. Cuando se va por carretera, se recorre menos distancia por unidad de tiempo, pero la que se recorre se disfruta de verdad. Por autopista se recorre una gran distancia a una gran velocidad, pero es aburrido en grado máximo. Por carretera es más probable encontrarse tramos bacheados o con gravilla (dificultades) que en la autopista, pero aún así, aún teniendo que recorrer algunos tramos con precaución y a baja velocidad, nos sigue compensando la carretera, ¿o no?.

¿Qué tipo de recorrido estamos eligiendo para nuestra vida?. Cada cual se lo deberá preguntar y, tal vez, reflexionar sobre ello. No seré yo el que diga qué camino tiene que elegir cada cual. Pero sí os desearé, aprovechando la oportunidad que me brinda el calendario gregoriano, que el año que viene encontréis retorcidas, bonitas y bien asfaltadas carreteras que se adapten perfectamente al terreno, os fundan con el paisaje y os hagan gozar de vuestras vidas al máximo.

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Acerca de Xavi (Motoret)

Una frase escuchada en un spot publicitario: "Cuando naces, todo el mundo ríe y tú lloras; ve y vive tu vida de forma que cuando mueras, tú sonrías y los demás lloren". Ver todas las entradas de Xavi (Motoret)

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