Suzuki DL650 V-Strom, caballo de batalla.

Esta mañana me he llevado una inmensa alegría al ver el sol fuera. No llueve, así que voy a poder cumplir con la cita concertada en Suzuki para probar la V-Strom.

Cojo el casco réplica Rossi y la Burrica (me encanta al esquizofrénica combinación) y me voy para allá. Llego 25 min antes de la hora (con alevosía y premeditación), y entre papeleos, fotocopias de DNI y carnet de conducir (caducado), a las 10:45 estoy frente a una enorme V-Strom roja, preciosa, que me dice “sube que te llevo”. No, cariño, subo y te llevo yo a tí.

Una hora de prueba… ¡UNA HORA!, con eso no tengo ni para empezar. Con mi pretendido encanto habitual le pregunto a la semi-simpática chica que me atiende si tienen otra prueba a las 12:00, y al final consigo sonsacarle que no, y a fuerza de sonrisa (se me quedó complejo de azafata del sorteo de la ONCE) arrumacos y cucamones, al final me dice que si me retraso un poco no pasa nada… Bien, eso quería oir.

Arranco, primera y hacia la gasolinera, que la moto está en reserva. Reposto, pago, arranco… no, no arranco. Le doy al botón y no pasa nada. Pero el test es correcto, la pantalla LCD marca todo normal… ¿y por qué no arranca?. Durante unos segundos me siento confuso. El caballete está plegado, ¿no será…? BRRUUUMMM. Vale, hay que apretar la maneta de embrague para arrancar, es una Suzuki. Esta anécdota ha hecho que me fije en su cuadro de relojes: dos grandes esferas con tacómetro y velocímetro de fondo negro, números naranjas y agujas rojas, muy legibles en cualquier situación diurna (no sé nocturna). Entre ellas, una tercera esfera LCD que muestra un montón de información. Me hubiera gustado toquetear un poco los dos botones que tiene, a ver qué pasaba, pero, sinceramente, prefiero rodar.

Arranco y camino de la A-7 dirección Barcelona. En ciudad es una moto realmente fácil y cómoda de llevar. Al principio me da la sensación que será demasiado grande para circular cómodamente entre el tráfico, pero nada más lejos de la realidad. Se aprovecha de su estrechez para pasar sin problemas entre los coches. Ningún retrovisor, ni los de las latas ni los propios, es problema, ya que el manillar pasa por encima de todos ellos. Es ágil a baja velocidad, y se pueden hacer eses esquivando tráfico con comodidad y confianza.

La postura de conducción es sorprendente para ser una trail. Las estriberas se sitúan altas, y las rodillas se colocan más dobladas de lo que cabría esperar en una trail. Nada comparable con la ZX6R, desde luego, pero no creo que esté muy lejos de la FJ, por ejemplo. El cuerpo también carga un poco más hacia delante de lo que me esperaba, aunque nada exagerado. Mucho menos que los dos modelos anteriores, por supuesto. No me esperaba esa postura, pero me gusta. Los brazos van arriba y abiertos, “amando al viento”, aunque en este caso no tanto, porque parece que la pantalla regulable junto con el amplio carenado van a proteger muy, pero que muy bien. En ciudad le encuentro el primer defecto de cierta importancia: la posición de las estriberas cae justo en la posición natural de las piernas en parado, de forma que si no se está acostumbrado, te las golpeas. Supongo que en el día a día uno se acostumbrará. También encuentro una nueva sensación para mí encima de una moto: apoyo toda la planta de ambos pies en el suelo, pero… ¡los talones no soportan casi ningún peso!. Bueno, parece que he encontrado una moto de mi talla.

Ya en suelo urbano empiezo a tener claro quién va a ser el auténtico protagonista de la moto: su motor. Tiene una motricidad excelente, y le da igual la marcha y las rpm a las que esté funcionando, y eso que es un 650cc. La más ligera sugerencia al puño y empuja con mucha firmeza, con esa (dicen que) característica brusquedad de los V2 que tanto gusta a tantos. Hay que ser fino con el puño, ya que este motor es brusco de reacciones tanto al acelerar como al retener, nada que ver con la finura de los 4L, aunque esto no lo digo como punto negativo, ni mucho menos, como tendría ocasión de comprobar más adelante. Esa sensación de acelerar “a lo bruto”, o a mala leche, es muy muy excitante.

Otra cosa de la que me doy cuenta es que si no se va atento es realmente fácil ir demasiado rápido con la V-Strom. Varias veces me sorprendí a mí mismo aún dentro de la ciudad a velocidades nada recomendables para la urbe, sin intención de alcanzarlas. Realmente da mucha confianza, proteje bien y no da sensación de ir lo rápido que se va. Hay que tener cuidado con esto.

Por fin llega la autovía. ¡Hoy me burlaré de todos los que me complican la existencia cuando voy con la 125cc!. Inicialmente hay tráfico, por lo que el ritmo es de 100-120 km/h. El rodar es excelente. La postura de conducción se convierte en una aliada, y la sensación que tengo es en ir en moto, pero muy, muy alto con respecto al asfalto. Me gusta. El tráfico empieza a despejar y puedo empezar a probar algo de aceleración. La verdad es que es una bestia. Un giro brusco del puño y salgo catapultado hacia adelante como si el mundo se estuviera acabando tras de mí. Los coches quedan atrás con una facilidad pasmosa, y de nuevo un vistazo al velocímetro me advierte que debo estar atento a la velocidad, porque la sensación de la misma engaña por completo. Creo que ir a 160 km/h puede parecer una velocidad tranquila de paseo por autovía.

La estabilidad es impresionante. Largas curvas de autovía son tomadas sin modificar la velocidad y sin ningún problema. Incluso los típicos baches de transición entre tierra y estructura de la autovía, o las juntas de dilatación de puentes mal ejecutadas, son absorbidos por las suspensiones impecablemente, sin que la máquina se inmute lo más mínimo ni tenga movimientos extraños. ¡QUE GOZADA!. La moto me dice que puedo ir mucho más rápido. Aprovecho una zona despejada para probar la estirada del motor… y vaya si estira. No he llegado a su límite, pero aún quedándole 2000 rpm hasta la zona roja es más que suficiente para mí, no necesito más. La verdad es que ha resultado una enorme sorpresa estas prestaciones de un V2 de 650cc, montado en una moto de 190 kg en vacío y una sección frontal respetable. En este trance, la moto ha sido estable en todo momento y no he tenido ninguna sensación extraña. Realmente está bien hecha la V-Strom.

En el enlace de Puzol, un C5 en el arcén de un cambio de rasante. Bajo velocidad hasta los 60 km/h que marca la placa de limitación… bien, paso sin problemas y unos 300 m. más adelante, el coche patrulla felicitándole el fin de semana a un Suzuki Swift… Esto enfría mis ansias de hombre-bala y, ya probada la respuesta, me digo que mejor pruebo lacapacidad de rodar cómoda y tranquilamente a velocidades lógicas.

Tomo dirección Segorbe y en Soneja me salgo para irme hacia el Puerto de Eslida. Miro el reloj del display LCD para verificar que no me da tiempo, me retrasaría demasiado en devolverla. Pero sí me dará tiempo a probar esas curvas de buen asfalto hasta Azuébar… así que vamos al lío. Después de la curva de 90º que da salida a Soneja empieza lo divertido. Todo pasa con extrema rapidez encima de la V-Strom, y llego a ir a un ritmo realmente preocupante. La moto da muchísima confianza, pero sigue sin transmitir con claridad, al menos para mí, la velocidad a la que se va. Tumbar con ella es un puro vicio: tirar este caballo al suelo, verte tan cerca del asfalto y a la vez tan lejos de las ruedas… ¡genial!. Tenerle cogidas las medidas, llevarla como propia y hacer esto mismo teniéndola cogida por la mano tiene que ser impresionante. El asfalto es bueno y me lo paso realmente bien.

Llego a Azuébar y media vuelta. Me queda una extraña sensación: la moto da mucha confianza, pero no es tan fácil dominarla como lo fue la ZX6R. En el caso de la Kawasaki, a los 5 minutos ya me había hecho a ella. Tenía más sensación de tenerlo todo bajo control y poder ir relativamente rápido, aún sin conocerla. En la V-Strom esto no es así. Llevarla con efectividad real y confianza absoluta requiere muchos más km y costumbre que la ZX6R. Lo achaco a la altura y a un superior peso. La sensación de bisturí que tuve con la Ninja en curva no la he tenido con la V-Strom, aunque en todo momento se ha comportado de manera noble y previsible. Hay que entrar con decisión en las curvas, hay que decirle con claridad hacia dónde quieres ir… un poco como con la FJ, aunque sin llegar a sus extremos. Creo que se puede llegar a tener esa sensación de efectividad casi absoluta, pero con más kilómetros y práctica.

Otro tramo de autovía me lleva hasta Segorbe, y de ahí a Altura. Bueno, vamos a ver cómo va esto en curvitas: La Serpiente. Paso Altura, y comienza la diversión de verdad. En esta ocasión hago esta carretera en sentido contrario al que la recorro siempre, así que es una completa desconocida, como si no hubiera pasado nunca por ella. Bueno, eso me quita una gran ventaja como es el conocer la carretera por la que vas, pero por otra parte es lo que suele pasar cuando viajas, así que adelante.

El primer tramo es de un asfalto aceptable, así que dejo correr la moto sin grandes aceleraciones ni frenadas, y la verdad es que a ritmo tranquilo es una verdadera gozada. El infinito motor me permite olvidarme de la caja de cambios. No sé en qué marcha iba la mayor parte del tiempo, pero es que realmente no me importaba. Las curvas se cierran y la mayoría son ciegas, así que con tranquilidad van pasando. La moto se comporta de manera muy neutra. Le dices por dónde quieres ir, y ella entra sin rechistar. Se aguanta bien en giros cerrados, y si entro un poco pasado (un poco, ¿eh?, nada excesivo), simplemente

inclino más y ya está. Permite improvisaciones y variaciones de trazada sin ningún problema. Aunque yo no soy amigo de ninguna de las dos cosas, llevar una moto que se traga los errores que puedas cometer sin ningún problema es algo que aumenta la tranquilidad y por tanto el placer de rodar. Esto es importante.

Llega la zona de buen asfalto y ataco un poco más. Lo primero que me recuerda el motor es que si yo soy brusco, él lo puede ser más, pero la verdad es que se comporta muy bien. En una de las primeras curvas me abro, tumbo para buscar el vértice y cuando estoy cerca de él, abro gas para salir acelerando… y vaya si salgo. El motor empuja con fuerza, hasta el punto que me tengo que esforzar en mantener la inclinación y la trazada. Salgo disparado de la curva, y la fuerza del motor me ayuda a recuperar la verticalidad sin ningún esfuerzo. Es curioso, pero al sentir la tremenda patada que me dió, me preocupó el hecho de que se me fuera la rueda de atrás… pero qué va. Muy lejos estuvo de irse. No sé como explicarlo, pero fué como si la rueda empujara “a golpes”. La sensación fue bestial y controlable a la vez. Es la primera vez que me pasa esto y… ME GUSTA.

Los cambios de dirección se hacen rápido, la moto es muy manejable, aunque confieso que esperaba que lo fuera más. Creía que esa altura extra compensaría su distancia entre ejes, y lo hace en parte. Claro, que estamos hablando de una maxitrail y no de una DR-Z, por ejemplo. De todas formas, creo que una vez hechos los suficientes km con ella, puede ser muy muy efectiva en territorio comanche. Por otra parte, me gustaría comparar la efectividad de una deportiva en este mismo terreno, ya que no creo que sea superior a la de la V-Strom (hablando de motos desconocidas y ambas llevadas por mí, claro). El caso es que

sí estoy seguro que fuí más rápido con la trail que con la FJ, eso seguro, aunque con ambas me quedó la misma sensación: se les puede sacar mucho más.

Se acaba lo bueno y llega el mal asfalto. ¡Qué digo malo!… pésimo. Lo de siempre: totalmente bacheado, con gravilla suelta en muchos tramos, estrecho. Me digo a mí mismo: “aquí sí que voy a notar diferencia, gracias a las suspensiones”. Pues no. La V-Strom empieza a botar y rebotar en los baches como si fuera una moto de carretera. Yo esperaba que esas suspensiones de trail (asfáltica, vale, pero trail al fin y al cabo) se tragaran las irregularidades mucho mejor de lo que lo hicieron. Está claro que la regulación de suspensiones es más bien dura, y lo que era una inmensa ventaja en vías rápidas, ahora se convierte en inconveniente. Le tendré que preguntar al mecánico cómo lleva reguladas las suspensiones esta V-Strom para saber realmente cómo se está comportando.

El caso es que me encuentro con que no me soluciona nada llevar la trail por mal asfalto. La desconfianza e inseguridad que me produce este tramo siempre que lo recorro vuelve a aparecer, así que me tomo las cosas con calma. No disfruté mucho aquí, la verdad. Detrás de una curva ciega me aparece un todoterreno en sentido contrario. Cada uno por su sitio y sin problemas, pero este hecho me reafirma en mi desconfianza. Paso el tramo sin pena ni gloria.

La carretera mejora, y con ella el tráfico aumenta. Me encuentro de todo: latas que circulan por el centro de la calzada como si fuera de sentido único, incluso viéndote venir de cara, furgonetas que entran y salen de los chalets y campos, ¡hasta un camión!. Parece que se hayan puesto de acuerdo todos en salir cuando me ven llegar. Pero no son ningún problema para la V-Strom. Sólo hacen falta dos palmos de terreno libre: es abrir el grifo al contundente V2 y los adelantamientos se suceden uno tras otro con la facilidad de un videojuego. Que mi ritmo no dependa de los demás es una sensación que me encanta. Esta moto me gusta cada vez más.

Se acaban las curvas y emprendo la vuelta a casa. ¡Oh, no, tengo que devolverla al concesionario!, no me la puedo quedar… ¡maldita sea!. Hala, autovía y hasta el concesionario (alguna aventurilla hubo en este tramo, como el León TDI que se picó conmigo sin darle yo motivos, pero es que el post me está saliendo excesivo).

Al llegar, veo que son las 12:50. DOS horas de prueba… vaya cara me va a poner la semi-simpática chica que me atiende, pero me da igual. La sonrisa que llevo bajo el casco no tiene precio. Para todo lo demás (V-Strom incluída), Mastercard. Cuando me ve la del Dept. Comercial, me mira con reproche aunque con complicidad, como diciéndome con la mirada “ya sabía yo que me ibas a hacer esto”. Se porta bien y no me riñe, le comento que entre el tiempo que he perdido en la gasolinera, el 1/4 de hora que me ha costado encontrar el concesionario porque no me conozco esa zona de Valencia… Vamos, que sin problemas.

Le pregunto cómo la llaman, y me contesta “Merche”. Encantado de conocerte Merche, pero me refería a la V-Strom, y en euros, si eres tan amable. Ya estaba definitivamente roto el hielo. En fin, que 7799 eur tienen la culpa, y además ahora regalan un baúl de 45 l., los protectores de manos y el caballete central… No me parece un precio excesivo para la moto que es, desde luego, pero de esto que no se entere Suzuki.

Hablo con el mecánico sobre las suspensiones, y me dice que tiene puesto el reglaje de casa, “más bien blandito”. Pues como se pueda llevar mucho más duro… O no tiene el reglaje “blandito” y el meca no lo sabe, o realmente el trail se ha dejado definitivamente muy de lado, porque en mal asfalto no tragaba baches como debería, o al menos esa fué la impresión que me dió.

Los frenos están a la altura del resto de la moto. Hice algunas frenadas relativamente fuertes (una de ellas inesperada ante la presencia de cierto C5 estacionado en el arcén) y su respuesta fue la esperada: con dos discos de 310 mm + 2 pistones paralelos flotantes delante, y disco de 260 mm + simple pistón atrás, la frenada está garantizada. Sin objeciones en este apartado. El hundimiento de la horquilla no fue nada excesivo en ningún momento, a pesar de su recorrido de 150 mm (no es mucho considerando que es una trail ¿no?, aunque muy asfáltica, eso sí). Es otro dato que podría corroborar la sensación de reglaje más bien duro (precarga de muelle).

La caja de cambios solo puedo definirla de una manera: ES LO MEJOR QUE HE PROBADO NUNCA. Las marchas entran con facilidad y precisión. Nunca hay que hacer más fuerza de lo normal, ni en maneta ni en pedal. Cualquier marcha entra suavemente, con un leve golpecito que para nada molesta. Buscar el punto muerto no es problema, e incluso para mí, que no conocía la moto de nada, el seleccionar cualquier relación era inmediato. En fin, una auténtica virguería. Es una de las (muchas) cosas realmente destacables de la moto.

Como conclusión, puedo decir y digo que la V-Strom se ha convertido en una muy seria candidata a ser mi próxima moto, ya que tiene prestaciones más que suficientes para mí, viajar en ella, incluso a dúo, debe ser un verdadero placer, una vez compenetrados piloto y máquina, en curvas puede ser terriblemente eficaz y divertida… En fin, una moto realmente bien hecha. El folleto de Suzuki empieza así: “Cuando estás pensando en una nueva moto, siempre acuden a tu mente los deseos de aventura. Esa escapada de fin de semana, ese viaje el próximo verano, la salida con los amigos… Pero también piensas en los desplazamientos diarios, la comodidad, poder llevarla a ella sin que se queje de la postura… La V-Strom está pensada para ese espíritu de libertad y aventura, y ha sido construida con una atrevida y avanzada visión, que combina las prestaciones y el confort para conseguir un resultado por encima de lo convencional en las dos ruedas”.

Nunca leí un párrafo que describiera tan bien la moto a la que se refiere… y que además podría haberlo escrito yo escribiendo lo que deseo de una moto.

Suzuki DL650 V-Strom del 2005

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Acerca de Xavi (Motoret)

Una frase escuchada en un spot publicitario: "Cuando naces, todo el mundo ríe y tú lloras; ve y vive tu vida de forma que cuando mueras, tú sonrías y los demás lloren". Ver todas las entradas de Xavi (Motoret)

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